| Foto: Guinot Homero |
La industria cosmética parece ser que nunca entra en crisis; al contrario crece y crece cada día más vendiendo especialmente esa posibilidad de que el milagro de la eterna juventud pueda estar en nuestras manos en forma de tarrito de crema, botellita de gel, capsulita o roll-on facial.
Los fabricantes de cremas hacen todo lo posible porque sus productos ofrezcan resultados visibles a los pocos días de su uso, huelan bien, duren lo suficiente y se vean bonitas sin importar la clase, origen, beneficios y perjuicios de productos químicos contenidos en esa crema antiedad, antiresequedad, antivárices.