Cuando hacemos nuestras compras cotidianas y vemos en los anaqueles un producto de una marca desconocida, lo observamos, leemos la etiqueta, lo sentimos, lo olemos, comparamos el precio con la marca que usualmente adquirimos y finalmente decidimos si le damos una oportunidad.
¿Cuántas veces esa oportunidad es para un producto ecológico, orgánico, ahorrador de energía o como suele llamarse ahora "verde"? La realidad es que pocas, las razones son varias: falta de oferta, altos precios o esa amarga voz que nos dice que no vale el esfuerzo, que nosotros solitos no cambiaremos al mundo.