| Foto: "7 days" de Mary-Ann Alberga |
Puede ser que la recojan usando contenedores; tal vez el camión pasa por la puerta de tu casa; a lo mejor es tu obligación separarla; puede que al final se incinere o que produzca el gas suficiente para encender el alumbrado público de tu ciudad; a lo mejor por ahí anda una organización que convierte las botellas de vidrio en vitrales, los textiles viejos en ropa nueva o el papel usado en elegantes pliegos de papel reciclado... pero la realidad, aunque muchos la nieguen u oculten, es una: la basura es un gran problema sin solución aún en la mayoría de las ciudades del mundo.
Han inventado cientos (o miles) de estrategias y tecnologías para reciclar, valorizar, quemar, enterrar y nada; no pasa nada, seguimos inundados en basura.
Pero es que el meollo del asunto no es qué hacer con ella; la clave está en esa antigua estrategia que decía: "reducir en la fuente" pero hay que pensar que la fuente no es sólo nuestra casa, escuela u oficina; la fuente de la basura es donde se crea un objeto que un día ya no servirá más; es decir, en la industria.